Tiempo Muerto

Deportes

Injusto, se mire como se mire

Publicado el 29 de junio de 2010 - 9:00 por Diego Izco

No me creo el argumento de la superioridad Argentina y Alemania. No me creo sus goleadas. No me creo que el resultado, en lugar de los definitivos 4-1 ó 3-1 sería 4-2 y 2-1, matemática y respectivamente, sin mediar los dos errores arbitrales más groseros y universales en la historia reciente del fútbol (objetivamente, lo que nos hizo Al-Ghandour hace ocho años es polvo de serrín al lado de estas dos barbaridades).

Nadie va a restañar la herida de ingleses y mexicanos, como nadie curó la injusta herida que mutiló a Irlanda cuando estuvo a un solo minuto de dejar a Francia fuera del Mundial, pero el árbitro no vio una clarísima mano de Henry en el gol que metió a los 'bleus' en Suráfrica. Nadie, absolutamente nadie, compensa injusticias de época. Cuando el colegiado no da validez al golazo de Lampard, Inglaterra queda herida de muerte; era el 2-2 ante Alemania y, en la segunda parte, no hubiesen dejado esos huecos como autopistas que sembraron la goleada alemana al contragolpe. México, el mejor equipo sobre el pasto hasta que Tévez anotó el 1-0, no hubiese quedado tan desconcertado y nervioso (el fallo de Osorio en el 2-0 responde a esa catarsis) de haberse señalado un fuera de juego que hubiesen pitado hasta los que no saben qué es (es más: en la revisión posterior, se da validez al tanto sabiendo que era absolutamente ilegal).

Como si el mundo actuase en connivencia con la FIFA, entre todos hemos usado mil argumentos para argumentar la justicia de unos cuartos de final ente Argentina y Alemania, pero ninguno es absolutamente válido. Fallar o acertar: ésa es la diferencia entre el vencedor y el vencido. Pero cuando el fallo lo comete un tercero (el árbitro) y actúa directamente sobre el resultado de un encuentro, es imposible hablar de justicia... porque es precisamente él, el juez, el que se ha equivocado.

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Sorpresas

Publicado el 27 de junio de 2010 - 22:29 por Diego Izco

Paraguay o Japón estarán en cuartos de final de un Campeonato del Mundo. Así suele suceder cada equis tiempo, cuando un par de favoritos no hacen los deberes (Italia firmó el ridículo que permitió el primer puesto guaraní; y Dinamarca se olvidó de que el fútbol se juega para meter goles, así que dejó que Japón aprovechara que tenía las ideas más claras) y permiten soñar a los países modestos con alcanzar una pequeña porción de gloria.

El fútbol es tiránico en su formato liguero. Las competiciones largas, el todos contra todos, dan la razón a quienes un día lograron el prestigio a través de la billetera. El margen de sorpresa se reduce a un par de derrotas y medio puñado de empates a lo largo de ocho meses de inercia. No hay más que fijarse en lo que ha sucedido en la Liga española este año para corroborar la teoría.

Sin embargo, cuanto más simple es el formato de una competición, mayores son las opciones de que suceda lo inesperado. Un ejemplo cercano es la Copa del Rey, que en los últimos tres o cuatro lustros ha coronado (con raras excepciones) a campeones inesperados o faltos de pedigrí en la comparación con los más grandes.

Un Mundial es todavía más intenso y sorprendente. Así como la Copa contempla un formato de ida y vuelta, los torneos de selecciones se dirimen en partidos únicos y terrenos neutrales. Paraguay, aferrado al sambenito (también realidad) de su férreo entramado defensivo ante una Japón sorprendente en su capacidad técnica e incansable en la física.

De repente uno de los dos se colará en la antepenúltima ronda de un Campeonato del Mundo. Ni siquiera las previsiones más optimistas les auguraban tamaño éxito. Pero sucede que en un Mundial no mandan los millones, como en las Ligas. Es fútbol casi en estado puro.

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Otros cien años después

Publicado el 26 de junio de 2010 - 9:29 por Diego Izco

"Tan lejos de Dios... y tan cerca de los Estados Unidos". Así juran los mexicanos, que compusieron sus mejores rancheras y corridos en el desamor y el fracaso. Es posible que carguen el lastre de los complejos y una sensación de eterna inferioridad que logran desterrar cada cierto tiempo. ¿Cada cien años? En 1810, el sacerdote Manuel Hidalgo lanzó desde su templo parroquial el grito de rebelión contra España y se firmó la independencia. En 1910, obreros y clases medias se levantaron en armas contra la dictadura de Porfirio Díaz. Quizás 2010, otro siglo después, sea el momento de una nueva revolución.

Argentina fue el equipo más fiable de la primera fase. Mediocre en defensa y previsible en el centro del campo... Pero increíble, como pocas selecciones a lo largo de la historia de los Mundiales, en su ataque. Hasta Martín Palermo ha conseguido golear...

Hace cuatro años, México jugó un descomunal partido en octavos de final ante la albiceleste. Dominó el balón, el marcador, los ritmos del partido. Todo, absolutamente todo, parecía diseñado para que la 'Tri' se desquitara de todos los complejos que le atenazaron históricamente cuando sus futbolistas llegaban a una gran cita. Sin embargo, el balón es redondo, ya me entienden, y de repente dibujó una parábola envenenada que en la prórroga se fue a la escuadra de Campos y selló un 1-2 inverosímil para Argentina.

En España sabemos de eso. Cuando llegó la tanda de penaltis ante Italia en la última Eurocopa, estábamos convencidos de que nos íbamos a casa. Esa la convicción que nace del pesimismo vital. Pero sí, el balón también fue redondo para nosotros. En México también estaban convencidos aquel año de que algo pasaría. No se podía jugar tan bien sólo para ganar... Quizás no era el momento, piensan los numerólogos y los supersticiosos, los que ahora tocan a rebato buscando un nuevo guiño a la historia cien años después.

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Keegan

Publicado el 25 de junio de 2010 - 16:15 por Diego Izco

Kevin Keegan fue ídolo en Inglaterra y en Alemania. No era fácil, después de la polémica final del Mundial del 66, compaginar ambos flujos de simpatía. Keegan, el chico que pegó sus primeras patadas entre ataúdes (junto al patio de su casa había una funeraria), fue dueño de uno de los peinados más carismáticos de la historia del fútbol, una horrible 'permanente', y con esas trazas fue dios entre los aficionados del Liverpool, que en los primeros ochenta empezó a abandonar el peinado 'Beatle' para hacerse un 'Keegan' en las barberías de Penny Lane. Abrumado por la despedida de Shankly, su paternal entrenador, y por el ímpetu de Bob Paisley, su sustituto, decidió cambiar de aires. El Hamburgo fue su destino y su nuevo recinto de idólatras luciendo melena rizada. Aprendió alemán (su mujer era bávara) y allá marcó sus mejores goles.

Keegan era el seleccionador de Inglaterra en el último partido disputado en el histórico Wembley. ¿Adivinan el nombre del rival elegido para la ocasión? Sí: fue Alemania. Allí se confirmó la tragedia y la revancha. Los alemanes vencieron. Keegan fue mártir en Inglaterra y muñeco de trapo en Alemania.

Si hay algo parecido a un Brasil-Argentina en Europa, sin duda el duelo entre los 'Pross' y la 'Mannschaft' es el espejo. El equipo que apadrina el fútbol contra el que lo elevó a un juego de precisión; el país que mejor exporta su balompié ante el que más rendimiento ha sacado a diversas generaciones por las que nadie apostaba un billete; los futbolistas que llevan achicándose cuarenta años achicándose en las grandes citas ante los que, de repente, se agigantan. Los octavos de final presentan un Inglaterra-Alemania brutal, apasionante, cargado de emotividad e historia. Kevin Keegan es casi los único que los ha unido a lo largo de decenas de años de enconados enfrentamientos con un balón como juez y parte.

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Valor

Publicado el 24 de junio de 2010 - 15:45 por Diego Izco

Creía, hermano, que habíamos desterrado los complejos de inferioridad que nos atenazaban en las grandes citas. Creía, te lo juro por los cuatro goles de Butragueño en Querétaro, que ya no nos achantábamos, que lucir los galones del campeón de Europa suponía algo más que ocupar un hueco en una vitrina, porque uno no es campeón si no es muy bueno. Y creía, de veras, que no nos asustaba el nombre del rival ni el escenario de la contienda, porque ya no había nadie por encima de nosotros, hasta que la pelota lo demostrara, por mucho Brasil, Italia o Argentina que ponga en sus camisetas. Te juro que todo eso lo creía enterrado y desterrado, que los sentimientos de equipo pobre habían desaparecido cuando Casillas levantó la Eurocopa y España había sido campeona con el mejor fútbol del planeta. Es posible, corrígeme si me equivoco, que todo español tiene un Quijote en su interior, pero también un Sancho Panza, y de las temeridades del primero pasamos a los temores del segundo sin valorar realmente lo que somos y la empresa que tenemos enfrente. Creía, te digo, que jugar hoy contra Chile no iba a tenernos con los bemoles de pajarita, y que entre todos habíamos convenido que lo de Suiza fue un tropiezo, un accidente. Incluso Edwin Moses tropezó una vez con una valla... pero estuvo casi dos lustros imbatido en los 400 vallas. Déjate de pamplinas. Ver cómo el Inter de Milán eliminaba al Barcelona ha hecho mucho daño al ego y al orgullo patrio, no por militancia en unos colores, sino porque el otro fútbol ganó al fútbol, y ya no nos creemos tan invencibles. Pero, hermano, ¿qué pondrías en tu porra si el España-Chile no se jugase en el entorno de un Mundial? ¿Qué dirías si se disputara en Murcia, en Sevilla o en el mismísimo Santiago, al otro lado del Atlántico? Te creía más convencido. Después llegará la pelota y pondrá a cada uno en su sitio, aunque antes hay que aparcar temores que no vienen a cuento. Sin héroes no hay valor, pero sin valor tampoco hay héroes.

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Luis

Publicado el 23 de junio de 2010 - 23:03 por Diego Izco

Luis Aragonés era un tipo incómodo hasta que España ganó la Eurocopa de 2008. La incomodidad nacía de un talante peculiar: era un marcador de distancias nato que no se casaba con nadie. En la antevíspera de dar la lista, le llovieron cántaros de estopa por no convocar a Raúl; en la antevíspera del torneo, le soplaron decenas de palos por el mal juego del equipo. Pero luego ganó, y entonces Luis el incómodo pasó a ser Luis el grande. Así son las cosas en este bendito país de inconformistas, exagerados, fulleros y polemistas de alcurnia.

Ahora Luis es comentarista del Mundial para Al Jazeera, y es él quien suelta los cántaros de estopa y los palos a mansalva. Al margen de la conveniencia o no de haber aceptado el puesto, el 'Sabio de Hortaleza' es ahora un analista mediático, lo mismo que Camacho o Amor en Telecinco. Sin embargo, la trascendencia de sus reflexiones se multiplica por diez o por cien por el hecho de ser el gran campeón. Quizás no tenía que haber aceptado un puesto bonito mientras todo vaya bien, pero complejo y espinado, con muchas aristas, cuando España despierta las dudas que está despertando en este campeonato.

Hay que diferenciar muy bien los comentarios que uno puede hacer en un partido con los que puede hacer, ya con el corazón frío y la sangre a temperatura ambiental, un par de horas después. Durante el encuentro, Luis Aragonés ha adquirido el compromiso de comentar, bajo su criterio, lo que está sucediendo. Y está en la obligación moral y profesional de 'rajar' si la situación así lo requiere, por mucho que sea su amada España la que allí abajo sufre. Otra cosa bien distinta es soltar el mismo veneno a toro pasado; efectivamente, el partido sigue siendo el mismo dos horas después, pero aquí es donde conviene esparcir un poco de edulcorante sobre un discurso vehemente porque, como seguimos siendo igual de inconformistas, exagerados y fulleros (y Luis lo sabe) el ambiente se enrarece.

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El 'Blatterato'

Publicado el 22 de junio de 2010 - 15:17 por Diego Izco

Luis Fabiano le da dos veces con la mano, Alemania monta en cólera por un arbitraje pulcro de Undiano y la vida sigue igual. No caeré en la estupidez de contar los cinco títulos brasileños y los tres alemanes con recelos y suspicacias; son y han sido grandes equipos con enorme potencial... y la manita justa en el momento preciso.

Los voceros locales instauraron y dieron validez (incluso continuidad y un par de capas de veracidad) al término 'Villarato'. Se suponía que, en igualdad de condiciones, y con Ángel María Villar al mando de la cosa futbolística patria, los árbitros tienen una consigna tácita, sellada en algún conciliábulo de catacumbas, para tomar decisiones que favorezcan al Barcelona en detrimento del Real Madrid. Que les dure...

Pero cada cuatro años algo huele a podrido en los Mundiales, donde asoman árbitros de diverso pelaje (un buen puñado de ellos con pintas sospechosas, poco higiénicas) encargados de dictar sentencia en partidos que no hubiesen siquiera soñado dirigir. Brasil ha perdido su mito del 'jogo bonito' y es una selección a la que se le empieza a coger cierto paquete: cada vez es más centroeuropea y menos brasileña, y cada vez que sufre encuentra la dosis de suerte y obnubilación arbitral, un colegiado hipnonizado por el amarillo de las camisetas, que le permiten ganar partidos muy cuesta arriba. Dicen que el favorito siempre cuenta con el beneplácito del hombre que pita... A ver si se le nota a España: puestos a que haya errores a la fuerza, por lo menos que alguno caiga de nuestro lado.

Nota importante: mucho se tiene que torcer este Mundial para que no lo gane Italia. Después de hacer el tonto ante Paraguay y empatar ante la poderosa Nueva Zelanda de penalti, la 'azurra' afila los dientes. Italia ha demostrado, en sus cuatro títulos, que cuanto más ridícula ha sido su primera fase, mejor su segunda.

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Jabulani

Publicado el 22 de junio de 2010 - 14:39 por Diego Izco

En la búsqueda de lo sublime, asistimos a un histórico tira y afloja entre la evolución y la involución. En ocasiones, al tratar de dar un paso más allá de lo que ya funciona, los ingenieros del asunto se niegan a reconocer que quizás, sólo quizás, han encontrado la perfección. Porque ser perfectos significaría parar, detener de sopetón una maquinaria que mueve muchos millones en I+D+I (+O+T+A+S, en no pocas ocasiones). 'Jabulani', el balón del Mundial de Suráfrica, es un perfecto desastre. Desde que a la cámara de aire le cosieron pentágonos y hexágonos de piel no ha habido algo tan ingobernable. Hábiles peloteros que en sus Ligas trazan excelsas hipotenusas con el esférico parecen ahora benjamines advenedizos en su primer contacto con un balón "de reglamento". Contundentes golpeadores que acostumbran a dirigir con precisión misiles al ángulo se han encontrado con un bicho redondo que tiende al caos, la inestabilidad y el vuelo disperso de un balón de Nivea. Especialistas de la cosa cuando la pelota, quieta, besa el piso, han tenido que cambiar sus costumbres: ya no meten el empeine con violencia sino que bombean el cuero como hacemos los mortales si queremos que un compañero meta la cabeza... Pero no conviene olvidar que un Campeonato del Mundo es, entre otras muchas cosas, la confluencia de los intereses estratégicos, económicos y sociales de grandes multinacionales. Adidas es una de ellas, sin duda; pero también la FIFA. Disfrazada de 'punto org', pero máquina de hacer dinero igualmente. Y como una y otra se tienen atadas por los machos, respectivamente, hacen lo que les place. Si Adidas presenta un balón cuadrado, le pone de nombre 'Estropicio' y lo lanza a la cita de 2014, el fútbol será una mierda, con perdón, pero los ingresos por hacerse con el 'balón de moda' compensarán tanto mal trago, ¿no?

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Africanos en África

Publicado el 20 de junio de 2010 - 11:53 por Diego Izco

Uno de los peores anfitriones en la historia de los Mundiales se localiza en 1982. Ya saben quiénes eran. Éramos. El fracaso, llámenlo exceso de presión, mal momento con mala generación, se consumó con un ridículo empate ante Honduras. Andamos sobre aviso veintiocho años después.

Los anfitriones tienen una carga añadida a su fútbol: la presión ambiental. Unos lo consiguen digerir con entereza y responsabilidad y a otros se les atraganta. El Mundial y su palmarés han demostrado que ser anfitrión es algo bueno, excelente (campeones inesperados o participaciones estelares han surgido de campos abarrotados con los colores del dueño del campo). Y este año muchas porras apuntaban al rendimiento destacado de los equipos africanos.

Pero un equipo africano siempre será imprevisible, incluso cuando el Mundial, por primera vez en la historia, se disputa en África. Era lógico, en cierto modo, creer que se iba a producir una revolución silenciosa, o todo lo contrario: una revolución ruidosa, a volumen de vuvuzela, en la que el fútbol africano iba a reclamar un papel protagonista después de amagar durante mucho tiempo, justo desde que el Camerún de Roger Milla hiciese temblar los cimientos de Italia'90.

Veinte años después, la Camerún del laureado Samuel Eto'o, de los sobresalientes Makoun (O.Lyon), Song (Arsenal) y demás figuras del montón esparcidas por las ligas europeas ha mordido el polvo a las primeras de cambio. Mal futuro le espera también a Suráfrica, a Argelia, a Ghana, a Costa de Marfil...

África perdió su esencia, sus raíces futbolísticas hace mucho tiempo, cuando sus prometedores niños de piernas flacas pero poderosas, de ímpetu amateur, de carreras alocadas y anarquía táctica se convirtieron en musculados y disciplinados futbolistas de corte europeo.

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Si ataca Argentina

Publicado el 19 de junio de 2010 - 9:45 por Diego Izco

Messi, Higuaín, Milito, Tévez y Agüero (lo de Palermo suena a chiste de Maradona). Ahí los tienen. Si elaboramos una lista con los veinte mejores atacantes del mundo, probablemente entrarían los cinco en el ranking. Prueben a perder diez minutos de tiempo para hacerla y se darán cuenta.

Maradona se empeñó, durante toda la fase de clasificación, en negarse a sí mismo la grandeza que tenía en la ofensiva. Le dio un ataque de entrenador. Después se dejó barba para meditar y darse cuenta de que sólo hay una vía de juego con semejante arsenal en el último tercio de campo: atacar.

Argentina puede plantear los partidos como se planteaban los antiguos combates de boxeo, cuando no existían las victorias a los puntos ni los asaltos, y el vencedor era el que conseguía tumbar al adversario en el suelo. Golpe a golpe. Partidos abiertos. Marcadores de escándalo en el que el único requisito es anotar un tanto más que el de enfrente, ya sea un 4-3 o un 9-8. Podría. Vaya que si podría.

La nómina de defensores es mediocre. La de centrocampistas, insuficiente para guiar la nave. Pero basta con que la pelota le llegue, ni siquiera en buenas condiciones, a uno de los atacantes para que el rival se eche a temblar. Corea del Sur había sido, tras Alemania, el mejor equipo de la primera jornada. Perfectos táctica y físicamente, arrollaron sin miramientos a Grecia. Trataron de hacer lo mismo ante la 'albi', pero Argentina puede permitirse el lujo de hacer el vago sobre el campo: le ha coincidido una generación de delanteros como nunca la hubo. La duda (razonable, grotesca y enorme) radicaba en saber si las excentricidades de 'El Diego' y su manera de asumir todo el protagonismo iban a permitir centrarse a los artistas del gol. De momento, si ataca Argentina se detiene el planeta.

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