No he estado en África. Quizás ustedes tampoco. Los bazares de los países mediterráneos, las pirámides de Egipto, el hotelito de pulsera en las Seychelles, el viaje de novios de safari por Kenia... Eso no es África, no al menos la África que sufre, llora y se muere de hambre y miles de enfermedades distintas.
Esa África está dejada de la mano de Dios. Un AK47 oxidado sigue matando y sirve para amenazar al hombre de la billetera, a un poblado con alimentos o para reclutar a niños para la causa, lo mismo da una rebelión, una patera pirata o un ejército oficial a las órdenes de un dictador.
Nos acordamos de África cuando secuestran o matan a uno de los nuestros, obviando los millonarios (en personas) éxodos a causa de las guerras intestinas del país de turno, las desoladoras hambrunas, las pertinaces sequías o la cantidad de enfermedades letales que se transmiten a la velocidad de la luz. Seríamos incapaces de localizar el Chad en un mapa mudo (no sería de extrañar que un buen porcentaje preguntase si se trata de un país), pero tampoco Angola, el país donde se está celebrando la Copa de África. Y si las víctimas del tiroteo llegan a ser habitantes 'normales' de Togo, no hubiésemos tenido un solo segundo de información al respecto.
Pero eran futbolistas. Algunos consagradísimos, como Adebayor, y de repente miramos a África (ese enorme continente olvidado) y ponemos el grito en el cielo, proclamamos abiertamente que "es una vergüenza" –sin saber qué-, y criticamos a la FIFA por seguir permitiendo este torneo en estas fechas y, ya de paso, por haberle dado a Suráfrica (con dos de las ciudades con mayor índice de asesinatos del mundo, Ciudad del Cabo y Johannesburgo) el Mundial. Sí, somos así de cachondos: vemos un escándalo donde nunca se nos ha ocurrido mirar.
Real Madrid y Barcelona caminan por el campeonato con una suficiencia apabullante. En cierto sentido, recuerdan a:
1) Aquellos mitos del boxeo que sólo combatían en serio cuando les plantaban un rival cualificado delante, porque el resto de combates los sacaban con un derechazo.
2) Rafa Nadal y Roger Federer hace dos temporadas, cuando comenzaban los torneos en los cuadros opuestos del torneo y siempre llegaban a la final, dando la sensación de que: 2.1. Eran imbatibles si no se enfrentaban el uno al otro. 2.2. Cualquier otro tenista del circuito hubiese salido a pelotazos de la pista en los partidos que protagonizaban mano a mano.
3) Los Celtics y los Lakers de finales de los ochenta, que pululaban por la Liga con altibajos, pero eran capaces de arrollar en sus respectivas conferencias a quien se pusiera por delante y hacer un baloncesto como no se recuerda en aquellas finales para la leyenda del deporte.
4) Esos campeones de la pelota mano que, hasta bien entrados los ochenta, esperaban al enemigo en la víspera de la gran final: todos menos él competían en un torneo durísimo y el vencedor recibía como premio enfrentarse al campeón del pasado año, que podía revalidar tal condición jugando un solo partido.
Sí, se me ocurren muchos ejemplos para ilustrar la superioridad manifiesta con la que parecen pasearse por la competición. Pincharán, sí, de vez en cuando. Pero rara vez los dos al mismo tiempo y durante dos jornadas consecutivas, condición sine qua non para que el adversario logre voltear la tabla o aumentar la distancia de seguridad. Pero, como ya les he referido en otras ocasiones, esto no ha hecho más que comenzar. Si el año que viene uno se lleva a Cesc y el otro a Ribery, por ejemplo, las distancias con el resto de equipos seguirán abriéndose geométricamente, y llegará ese día en el que las Ligas se decidirán en los duelos directos. Nadie competirá por rascarles un punto. Será imposible.
El domingo estuve en el infierno. Quiero compartir esta experiencia porque no es como lo describen. No hay fuego, ni tipos con cuernos (al menos visibles) y tridente. No llueven naranjazos desde Hugo Sánchez, no corretean gorrines por el campo desde Juanito, no hay petardos desde Buyo, bengalas desde Míchel ni tornillos desde Valdano. El domingo cayeron los papelitos de hábito cuando el partido exige bocadillo en el descanso y los incontrolables escupitajos de los incontrolables idiotas de turno. Se cantó como se canta en todos lados, se presionó como se presiona en todas las gradas, se faltó como se falta en cada platea... Pero infernal, tal y como se vende históricamente desde que el Real Madrid pone rumbo a Pamplona, no hubo nada de nada.
Apostaría un céntimo de euro a que en el 90% de los campos de Primera División ha pasado algo más gordo en contra del Real Madrid en las últimas siete temporadas, cifra exacta que marca el último incidente (un niño que insultó a Roberto Carlos cuando éste fue a sacar de banda... es real lo que les cuento, para que tomen nota de la gravedad del supuesto infierno). Pero si el sabio dijo "cuanto más leo menos entiendo", le tomo prestada la idea para sentenciar: "Cuantos más años llevo de periodista, menos entiendo al gremio".
"El Real Madrid viaja al infierno", fue uno de los titulares de la víspera. ¿Cada vez que juega en el Barcelona recuerdan la cabeza de cerdo de Figo? No. ¿Cada vez que lo haga en Sevilla recordarán el monedazo a Juande Ramos? Tampoco. Supongo que es muy fácil echar la vista atrás y quedarse sólo con lo frustrante, lo desagradable y lo incómodo. Escribir que en las últimas diez temporadas el comportamiento de la grada de Pamplona en los Osasuna-Real Madrid ha sido ejemplar no vende papel. No incita a nada. Así como el Real Madrid a veces quiere meter el segundo gol sin haber anotado el primero, determinada prensa vende una noticia sin que se haya producido. Y al final, con tanto infierno, se queman.
Acaba de terminar el sorteo (de la lotería. ¿Cuál si no?). Tenía previsto dejar la entrada en blanco, o llenarla de "olés" de aquí arriba hasta allá abajo, porque soñé que compraba el décimo donde lo compraron Obama, Guardiola y la selección italiana de fútbol, tipos con culo. Pero ya se han fijado: ¿Han leído algún "olé" al margen de éste y el de la tercera línea? Pues eso. Seguimos igual. Enhorabuena a los ganadores, la administración 146 de Madrid, Barack por el Nobel, Pep por el pleno al seis, Italia por ser como es y a Cristiano Ronaldo por el gol del año.
¿Quién elige esto? Lo del sorteo le corresponde a Ildefonso y sus niños. Eso lo tengo meridianamente claro. Pero, ¿el gol? ¿Lo eligen los seleccionadores? ¿Jugadores? ¿La FIFA? ¿Publicistas? ¿Expertos en marketing que saben que sacar el rostro de CR9 –CR7 cuando pegó aquel zapatazo de 35 metros ante el Oporto- prestigia cualquier gala?
Goles hay, como dicen los muchachos, a cascoporro. Miles y miles cada año. ¿Me quieren hacer creer que los han visto todos antes de emitir un veredicto? Se marcaron más trascendentes, más bonitos, más estéticos y más elaborados que el seleccionado. Ya es casualidad, qué cosas, que el 'Premio Puskas' al gol del año recaiga en el futbolista más mediático del planeta (con permiso de Messi... aunque diga "mediático"). El gol es espectacular, sin duda, pero se resumen en: un tipo engancha una pelota, avanza diez metros y la patea (momento que recoge la fotografía). Hasta aquí llegó la riada.
Partiendo de mi habitual escepticismo por los premios individuales en deportes colectivos, este 'Premio Puskas' se lleva la palma de la tontería. Al tiempo: dentro de poco entrarán patrocinadores en esta gala y veremos el 'Premio Coca Cola' al córner mejor sacado o el 'Galardón Kodak' a la celebración más fotogénica... y se lo seguirán llevando los guapos. Los feos (que son más), ni la pedrea.
Stuttgart-Barcelona. El martillo pilón alemán es cosa de la selección. Hace mucho tiempo que los equipos germanos viven enfrascados en una crisis continental. Alemania sabe competir porque está formada por once alemanes (como Italia con los italianos, por ejemplo), pero los equipos llenan sus huecos con jugadores que presuponen mejores pero no hacen sino pervertir el pétreo muro que forma un equipo teutón cada vez que alinea a once paisanos. El Sevilla le pasó por encima en la fase previa, y el Barça le pasó por encima hace cuatro años. Volverá a hacerlo.
CSKA-Sevilla. Para ponerse las tiritas antes de que lleguen las heridas, hablarán del frío y del largo viaje. Pero el fútbol no se mide ni en grados ni en kilómetros, sino en goles. Y el Sevilla se va a encontrar a un equipo en plena pretemporada. Las complicaciones soviéticas se viven en octubre y noviembre, cuando las vivió el Barça; a partir de este punto, los rusos caen por su propio peso, como la fruta madura. Con calentadores, camisas términas y un par de buenos guantes, basta medio buen resultado para sentenciar en el Pizjuán.
Lyon-Real Madrid. Los blancos vuelven al lugar del crimen. La historia les lanza un guante, el reto de ganar allá donde no han vencido en las últimas cuatro temporadas. El Olympique no es lo que era y el Real Madrid es más de lo que fue. Aquellos atletas que se comían el césped (y a rivales como el Madrid) han cumplido años, fichado por otros equipos (¿Les suena Benzema?) o perdido sed de títulos. El año pasado el Girondins les quitó la hegemonía francesa; este año, el Real Madrid les quitará el gafe.
P.D. Un Inter-Chelsea en octavos de final suena a final, pero también a broma de mal gusto. Los caprichos del azar permiten que un gran favorito se quede en la cuneta mucho antes de tiempo. Mejor. Vía libre para que los demás sueñen.
Cuando el maestro Trecet nos acercó a las estrellas, nos quedamos estupefactos. No sólo por los movimientos y canastas de los Bird, Johnson, Drexler, Thomas, Jabbar y compañía, sino por esas extrañas letras que no cesaban de aparecer en pantalla. Estadísticas, decía Trecet. Algunas eran útiles. Otras, pura paja. Y aún más allá, había otras que no había por dónde cogerlas, del estilo, "Hakeem Olajuwon es el jugador que más rebotes captura en el segundo cuarto". ¿Y?
Sorprendidos por la profusión de datos, nos plantamos en 2010 y hacemos las mismas chorradas de entonces. Supongo –hace tiempo que no veo NBA en condiciones porque la codificaron- que los estadounidenses habrán simplificado el asunto. Estadísticamente, nunca mejor traído, nos llevan diez o veinte años de diferencia. Ahora somos nosotros los que sabemos que "Xabi Hernández es el jugador que más córners saca desde el lado izquierdo del campo". ¿Y? ¿Qué aportan estos datos a nuestra vida?
Pues fíjense que algunas de estas imbecilidades adquieren tratamiento de dogma, y nos las venden con tanto entusiasmo y tantos lacitos que terminamos por creer que realmente son importantes. Pedrito es el único jugador de la historia que ha marcado goles en seis competiciones en una misma temporada. ¿Y? ¿Le van a premiar por ello? ¿Le aumentan el sueldo? ¿Lo meten en los candidatos al FIFA World Player por tan magno logro?
Conozco un portero (Gabriel, el 'Zubi', colega de pachangas) que puede presumir de ser el único guardameta de fútbol sala capaz de fumar un cigarrillo en la ducha después de cada partido. ¡Y lo ha hecho durante seis temporadas consecutivas! Todavía no lo he visto en ninguna portada... De veras que me alegro por Pedrito y por su familia, pero hay estadísticas y 'estadísticas'. Y esta es de las más grandes y tontas que nos han querido colar en los últimos tiempos.
Lesionado Pepe, el Real Madrid necesita un parche que le cubra los seis meses de fatalidad. El mercado de invierno es cruel, porque el producto se encarece como las nécoras y lo que queda libre tiende a la medianía. Por cada Lass Diarra salen veinte Huntelaars. ¿Y cuánto pagaron por cada uno? Un pastón. Pues eso...
El madridismo hace cábalas. No fichar nada, retrasar a Marcelo, con el riesgo defensivo que ello conlleva, llevarse a Arbeloa a la banda que le ha visto crecer como futbolista, es decir, la derecha, y reubicar a Sergio Ramos en el centro de la zaga. O fichar a un central, directamente, dejar que los laterales sigan su curso y apostar por un chico de futuro, ya que a Metzelder no lo queremos ni en pintura. O fichar a un lateral izquierdo para que Marcelo no convierta la banda cacha en un coladero. Incluso se han planteado (eso dicen) repescar a Roberto Carlos, un señor de 36 años...
En ningún momento, a lo largo de todas las ecuaciones que se plantea, se ha planteado la llegada de un canterano al primer equipo. Porque, efectivamente, el Real Madrid necesita ese parche de seis meses, y para esas cuestiones puntuales están las listas B, o sea, las del filial: para no caer en el derroche por el derroche. Pero no ha lugar. Aquella política 'florentinista' de Zidanes y Pavones ha mutado, y todos los 'Pavones' del Castilla juegan cariacontecidos porque son conscientes de que la única vía de llegar a Primera División pasa por cesiones o salidas forzosas a otros equipos. Si ni siquiera en esta situación son capaces de mirarnos, piensan.
Por eso, resulta irrisoria la lectura que algunos hacen de la cantera blanca, situándola como la mejor de España porque es la que más jugadores ha dado a Primera División. La mejor cantera es aquella a la que recurres con los ojos cerrados cuando te surge una urgencia como la que ahora atañe al Real Madrid. Y parece que no es el caso.
En Gijón hubo movida. De la peor calaña, además. Los más cafres de cada afición, esos mierdas (con todas las letras) que con actos y actitudes ensucian los nombres de los equipos, se habían citado en la red. Unos contra otros. Bengalas, incendios, vandalismo, escaparates rotos, coches destrozados. Los del Sporting contra los del Sevilla, a cara tapada, cobardes hasta la náusea, lanzándose piedras e improperios. ¿No habíamos quedado que eso sólo sucedía (pongamos) en Perú, en Grecia, en Argelia...? Cuando aparecen unas imágenes así en la televisión, recurrimos al "¡Qué asco de país!" para acompañarlas. ¿Y cuando suceden en el nuestro? Cometemos un error soberano pensando que son excepciones. En Perú, Grecia y Argelia también lo son.
En Pamplona hubo gritos. Los reflejó el colegiado en el acta. Cuando Aouate sacaba de puerta, parte del público le dedicaba un sonoro "¡Judío, cabrón!". Dirán, por excusarse, que efectivamente es judío y que, por ende, sólo le están llamando cabrón. Como si el que le grita "puto negro" a otro dijese que sólo le está llamando puto, porque negro es un buen rato. No convence. El odio habita en nuestras gradas, comulguen de izquierdas o de derechas.
En Valencia calentaba Casillas. Detrás de su portería se ubicaban un par de padres con sus respectivos hijos. Diez años, a lo sumo, tenían los retacos. Para diversión de los niños, los padres insultaban al guardameta del Real Madrid. Los niños aprenden rápido... y empezaron a gritarle. En un momento dado, Iker se gira (no tenía que haberlo hecho. ¿No tenía que haberlo hecho? ¿Seguro?) y le dijo a uno de los niños que tuviese un poco más de educación. Fue el detonante para que el fondo en el que se ubicaba, padres e hijos de la mano, en perfecta armonía familiar, le cantase de carrerilla todos los insultos que sabían.
De vez en cuando, todo esto da asco. Mucho asco. En el fondo, uno se pregunta si eso que nos dicen ("Son sólo minorías") no es más que una excusa para justificar una vergüenza mayúscula.
Hoy juega Albelda. Bueno, también el Real Madrid, se supone. Albelda es uno de esos jugadores que juegan siempre. Son trascendentes. Hay otros con más técnica, habilidad, nombre, recorrido, grandeza... pero no trascienden. Gozan de famas efímeras porque no han sabido grajearse una personalidad y mantenerla. Es decir: no han sabido habitar en la elite.
Albelda dejó dos reflexiones en la antevíspera del Valencia-Madrid de esta noche. La primera, sobre la conveniencia o inconveniencia de que no puedan jugar ni Kaká ni Cristiano Ronaldo. Le parecía bien, contrariamente a lo que dicen (aunque no piensan) el cien por cien de los mortales. Cuanto más debilitado esté el enemigo, mejor. Ley de guerra, que es la vida. O viceversa. "Y si no juega Iker (Casillas), todavía mejor", apostilló.
La segunda, legendaria: "A nosotros también nos falta Silva y no estamos todo el día dando el coñazo". Al margen del exabrupto, perfectamente sustituible por "dar la paliza", o "la murga", todavía más castizo, cualquier aficionado neutral en su sano juicio aplaude hasta con las orejas las reflexiones del capitán valencianista. Dado el protagonismo que está cobrando Cristiano Ronaldo, protagonista en 20 de las últimas 30 portadas del periódico deportivo más vendido de España, parece que la noticia no es que se juegue un Valencia-Madrid, sino que se juega sin Cristiano Ronaldo.
Cualquier noticia que afecte Real Madrid tiene tres tipos de consumidores: el madridista (que disfruta), el barcelonista (que abomina) y el neutral (que se informa). Pero ese aficionado neutral que les refiero empieza a percibir el hedor a 'coñazo', con perdón, y, sin ser necesariamente culé ni nada que se le parezca, comienza a abominar. Es el peligro de ser muy bueno y estar exagerada y permanentemente en el candelero: la indiferencia (neutralidad) no tiene sitio.
La Liga de Campeones es un terremoto global con varios epicentros (aunque los geólogos dirán que epicentro sólo hay uno... olviden el pragmatismo científico, acepten la ironía y la metáfora), pero ninguno hubiésemos ubicado fallas tan agresivas en Burdeos y Florencia. Sí: al término de la primera fase de grupos, donde se han cumplido casi todas las expectativas, Girondins y Fiorentina, con 16 y 15 puntos, respectivamente, han sido los dos mejores equipos del continente. Y eso no hay geólogo que lo explique, por muy práctico y analítico que se ponga.
La irrupción de estos dos fenómenos explica las dos únicas eliminaciones de dos gigantes continentales a las primeras de cambio: Juventus y Liverpool. Les han comido el pan del morral porque incluso en Europa, e incluso en la Champions, no hay éxitos sin esfuerzo ni ilusión. Y los nuevos modestos (hablando en términos relativos, porque sus presupuestos y planteles están muy por encima de la modestia) se han subido a las barbas de los históricos. En Burdeos han peleado duro por llevarse los éxitos del Lyon. Le robaron la última Liga en un clima enrarecido por la zona, donde comulgan más con el rugby que con el fútbol. Laurent Blanc, un buen central con demasiada fama, se ha convertido en un genial estratega capaz de exprimir las cualidades de un equipo tremendamente físico. En Florencia echan la vista medio siglo atrás, cuando aquel viejo lobo húngaro llamado Hidegkuti organizó al equipo para hacerlo campeón de la Recopa de 1961, su único gran torneo hasta la fecha.
En el sorteo del próximo viernes ambos serán los dos equipos soñados por los ocho segundos que entrarán en el bombo. Pero el empuje de los no favoritos es peligroso en cualquier ronda. Que pregunten por ellos en Liverpool o en Turín, a ver qué piensan.
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