Tiempo Muerto

Deportes

Publicado el 12 de julio de 2010 - 10:45 por Diego Izco

La tentación que me invade es, como aquel redactor del Clarín en México'86, dejar un hueco enorme, aquí abajo, bajo la frase: "Llénenlo con lo que quieran. Con lágrimas o con gritos, con una palabra o las mil que les quepan. Llénelo y díganme qué piensan. Yo no puedo pensar".

Es una tentación sincera, se lo juro. Incluso quienes vivimos del juntar palabras, del usarlas en su (supuesto) sitio y transmitirles pasiones o fobias, hoy no las encontramos. Mi hoy es su ayer, el ayer de todo un país, de la mejor generación de futbolistas que ha conocido esta España a la que una pelota, y no cien políticos, ha conseguido poner de pie unida.

Sé que cada vez les estoy dejando menos sitio, pero no quiero dejar de enviarle un 'algo', qué se yo el qué, a Andrés Iniesta. El rostro pálido más amigable del planeta, el chico que decidió no peinarse raro, no tatuarse nada ni colgarse nada de una oreja. Un chico que trata la pelota con la complicidad que un novio trata a su recién conocida novia. El 'Iniestazo' de Londres, aquel gol de las semifinales de Champions ante el Chelsea, ha quedado en un rincón. El 'Iniestazo' es ahora otra cosa: un pelotazo a las dos horas de partido que hizo reventar a un país.

Cada vez menos espacio para ustedes, me perdonarán, pero vi llorar a Casillas. Y mientras empapaba sus guantes en lágrimas me acordé de las decenas y decenas de jugadores sobre los que pusimos en su día toda la confianza del mundo y hoy, mi hoy, su ayer, vieron satisfecha su dedicación.

Apenas un par de líneas, lo sé. Me encantaría dejárselas, pero en el fondo de todo esta marea habita la responsabilidad. Y la responsabilidad, la complicidad, me obliga a llegar hasta aquí abajo. Ustedes disfruten. Sigan disfrutando. Se lo han ganado.

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Un pulpo

Publicado el 10 de julio de 2010 - 10:14 por Diego Izco

En el Lar Gallego de Fuentelasentada hay un pulpo cocido con patatas y pimentón que ha acertado todos los resultados de España en el Mundial (con la excepción del primero ante Suiza). El experimento tiene una base científica irrefutable. Adrián, el camarero-cocinero-dueño de la taberna, coloca media ración de pulpo a la gallega sobre la barra del bar, y a su lado dos banderitas (pintadas a mano sobre servilletas de la marca "Gracias por su visita") de los países contendientes. Una siempre es la de España, claro. ¿Cómo saber si la media ración de pulpo acierta el resultado? "Fácil –explica Adrián-. Si el plato se mueve, es que va a perder España; si permanece quieto, es que va a ganar". De momento acumula cinco aciertos y un solo fallo. Adrián está triste porque su plato no ha tenido la repercusión esperada. "Ya vendrá este Paul por aquí, ya...", se despide sollozando.

Paul, por si no se ha enterado, es un cefalópodo (pulpo a secas, sin ponernos exquisitos) que habita un acuario de Oberhausen y que 'vaticina' los resultados de los partidos de fútbol así: le plantan dos urnas con un mejillón en su interior y las banderas de los contendientes en el exterior, y la que elige suele ser (lleva un porcentaje de aciertos del 85%) la del equipo ganador. El oráculo de las ocho patas ya suscita el mismo interés que el tobillo de Xabi Alonso o el culete de Robben, al descubierto ante todo el mundo por una broma de un compañero en las celebraciones de semifinales.

Supongo que la importancia del pulpo Paul (salió en la mismísima portada de la bestia mediática 'Marca' al día siguiente de tumbar a Alemania) pertenece a esa parte irracional que tiene el fútbol, algo tan sencillo y (al mismo tiempo) tan trascendente que necesita de miles y miles de tonterías a su alrededor para llenar páginas y espacios informativos. Mucho más ahora que estamos en la antesala de la gran final soñada.

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Puyol

Publicado el 9 de julio de 2010 - 9:16 por Diego Izco

Carles Puyol pasea sobre el campo como los personajes de Shakespeare paseaban por las páginas: siempre parece al borde de la tragedia. Su fútbol, exagerado, físico y generoso, es el contrapunto del estilismo que proponen sus compañeros... Pero uno, por muchas palabras que maneje, sería incapaz de concebir el Barça del toque-toque sin el esfuerzo de ese central que corre a por los balones como si fuese a reventarlos.

Uno camina por la vida coleccionando apenas unas pocas imágenes que no se cansa de ver. El gol de Puyol ante Alemania será una de ésas dentro de diez, veinte o cincuenta años, lo que los triglicéridos nos dejen vivir. La carrera desde el borde del área, consciente de que el toque mágico de Xavi, ya habituado a los caprichos aéreos de 'Jabulani', iba a ir 'precisamente ahí'; el salto, lleno de fuerza pero sobre todo de fe, de una fe que pretendía poner sus 178 centímetros por encima de los 198 de Mertesacker; el giro de cuello y el contacto con un balón, un gesto técnico perfecto dramatizado por esa melena de carnero bajo la tormenta, una violencia de movimientos que hubiese partido una barra de hielo; y el gol, la locura con celebración sobria, el adorno de la estirada de Neuer...

Hubo una jugada siete u ocho minutos más tarde. Centró Podolski contra el área española y despejó Puyol. El rebote le llegó a Klose, que disparó a puerta, pero su lanzamiento se estrelló en Puyol. El esférico se envenenó y salió al borde del área, donde esperaba Schweinsteiger para buscar el milagroso empate. Las líneas españolas estaban aturulladas, demasiado estáticas. Había que salir a taponar el lanzamiento. El chut del 'siete' germano, sí, chocó contra las piernas de Puyol. Cuando una máquina de defender es precisamente el encargado de anotar uno de los goles históricos, ya legendarios, confirma que el fútbol siempre reserva huecos a quienes lo tratan con generosidad.

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Sentir

Publicado el 8 de julio de 2010 - 9:34 por Diego Izco

Los sentimientos son mucho más poderosos que los hechos. Es una frase que podría enmarcarse, en bonitos estampados, en macramé o en punto de cruz, sobre las puertas de todas las aulas de las facultades de psiquiatría. Hecho: un pelotazo en la cara. Sentimiento: dolor. El sentimiento como consecuencia, sí. Ayer, incluso, el sentimiento era mucho más importante que el mismísimo balón, aunque a veces, tal y como la tocan los pequeños genios españoles, pelota y emoción son la misma cosa. Ese sentimiento se magnifica cuando hay fútbol de por medio; lo que sucede en los pasillos y habitáculos de la casa de Guadalix de la Sierra ("Ahí adentro los sentimientos se magnifican", dicen los concursantes del Gran Hermano) es una minúscula tontería en comparación con lo que ayer sentía cada jugador, cada aficionado.

Sentir... es inevitable hacerlo. Puede que en la soledad de un sofá, en el retiro de un volumen bajo en el televisor, no esté sucediendo absolutamente nada. Ni un murmullo. Sólo un partido de fútbol y decenas de sentimientos dependiendo de dónde se encuentra la pelota. Vaya que si pasa.

España siente pasión por el buen fútbol, siente entusiasmo por Casillas, alegría por Del Bosque, emoción por Villa, regocijo por Xavi, felicidad por Iniesta, júbilo por Alonso, euforia por Pedrito, regocijo por Ramos... Y éxtasis por Puyol. Hechos: un balón medido; un salto rabioso; un cabezazo brutal; un gol. Sentimientos: incontables. Es imposible retraerse. Hace poco leí una entrevista con un gran cantante. "En los tiempos que corren, tal y como lo está pasando la gente, resulta magnífico poder 'hipnotizarles' durante dos horas con música y ver que ríen, disfrutan, y han olvidado las penas que los azotan". Están sintiendo. Es inherente al ser humano: no podemos parar de sentir. ¡Y de qué manera! Ahora sentimos una final por primera vez en la historia. Hecho: qué bien juegan a fútbol. Sentimiento: una gozada.

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Torres

Publicado el 6 de julio de 2010 - 0:03 por Diego Izco

Fernando Torres es un futbolista nacido para suscitar debate. Meter goles, de repente, se torna secundario; no los mete, no parece en forma, no soluciona los problemas que a España se le generan en ataque (y que termina resolviendo Villa). A Torres se le acaba de colgar el sambenito de prescindible, y ese cartel pugna con el aura de haber sido el autor del gol más importante en la historia reciente de la selección. ¿El mito o la realidad? He ahí el debate con el número nueve a la espalda.

Los delanteros conviven con una bendición y una maldición encima. La primera, el gol; la segunda, la ausencia del mismo. Un delantero que no anota es un día sin luz. Así de dramático. En el fondo, eso de los movimientos tácticos, los espacios que genera, etcétera, terminan siendo milongas en boca de la afición. El técnico puede analizar positivamente esas diagonales alocadas que tira el Niño para que, supuestamente, Villa o la segunda línea aprovechen su trabajo de zapa. Pero en estos cinco partidos de Mundial, en las pocas ocasiones que ha tenido para completar su supuesta brega (es decir, un disparo a puerta) ha fallado con estrépito.

Resulta que la principal crítica, casualmente, nace de la táctica. Porque hay jugadores nítidos, sin aristas ni engaños. Torres es uno de ellos: resulta previsible cuando está en forma o fuera de ella, aunque en el primero de los casos su sencillez de movimientos no le impida ser uno de los mejores 'nueves' del mundo. Eso sí: ha 'reventado' en Liverpool, un equipo al que Benítez dotó de una personalidad de parapeto defensivo y amplios espacios a las espaldas de los defensores rivales. Y como quiera que en estos cinco partidos de Mundial lo único que había a la espalda de la línea de zagueros eran más zagueros, el 'Niño' ha estado seco, triste y, desnudadas sus molestias físicas, desquiciado.

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Siempre Alemania

Publicado el 5 de julio de 2010 - 11:26 por Diego Izco

Hay dos frases futbolísticas ligadas a Alemania. Una de ellas, mil veces usada, es de Gary Lineker: "El fútbol es un deporte de once contra once... en el que al final gana Alemania". La segunda, de Jorge Valdano en sus tiempos de columnista y librepensador: "Alemania primero gana... y después se lo merece". Ambas hacían referencia a la capacidad teutona de competir. No se referían a su estilo de juego, cadencioso, poderoso en las distancias largas y contundente en las cortas, firme en la táctica (los cuatro defensores tiran el fuera de juego con el mismo pie y la misma zancada)...

Esta Alemania es distinta a la imaginada y descrita por Lineker y Valdano. En la Alemania de Joachim Löw, un enamorado del buen fútbol, ya no caben esquemas cuadriculados. Supongo que es algo propio de la evolución y de la irrupción de los inmigrantes. Antes sólo había Augenthalers, Mullers y Beckembauers; ahora hay Podolskis, Khediras, Oziles, Boatengs... Y en la amalgama está la riqueza, dijo el alquimista. Löw ha sabido cambiar la mentalidad de un grupo que ha abandonado los viejos corsés del "martillo pilón" y el "rodillo alemán". Mantienen, cómo no, una idiosincrasia ganadora basada en un aspecto físico perfecto y en cortes de pelo al dos, pero los nuevos se traen melena y cierta magia a un fútbol mucho más elaborado, combinado, brillante y veloz.

La lesión de Michael Ballack ha sido una bendición para Löw. Ballack es el representante moderno de ese 'rodillo': una eficaz lentitud, una letal parsimonia. Alemania corre y juega. Es lo más parecido a España (incluso mejor, siendo objetivos) que ha habido en este Mundial. Ha liquidado a dos favoritos, Inglaterra y Argentina, endosándoles cuatro goles en octavos y cuartos, respectivamente. Alemania siempre impone, pero ahora que además juega a fútbol, todavía más.

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Los elegidos

Publicado el 4 de julio de 2010 - 11:40 por Diego Izco

Semifinales. Con la boca grande. Se ha caído Brasil. Ojo con Holanda. Ojo doble con Alemania. Pero qué buenos somos y qué bien sufrimos. Y miles de pensamientos que se van cruzando, tostándose al calor de un julio que pisoteó un junio otoñal, y que formarán una pelota informe de emociones hasta el 7 de julio, San Fermín, día de pasión.

Si el fútbol no consigue desterrar la idea de una España derrotada, país de perdedores y antihéroes, nada lo hará. Atizan contra el ideario negativo los derechazos de Nadal, los rebotes de Gasol, las arrancadas de Contador. Incluso atizaron estos magníficos peloteros hace dos años, cuando Europa se rindió a las exquisiteces futbolísticas de los nuestros. Pero, erre que erre, insistimos en ser mártires.

Esta generación de futbolistas que parieron veintitrés madres, ideó Aragonés y pulió del Bosque no entiende de pesimismos. Algunos tragaban potitos cuando Eloy marró el penalti del 86, otros usaban su primera maquinilla cuando Tasotti partía la nariz a Luis Enrique y los demás eran sólo jóvenes promesas cuando Corea y Al-Ghandour nos privaron de unas semifinales cantadas. Sólo miran al pasado para reescribir el futuro. No quieren que les canten milongas de triste lírica. Su 'abecé' futbolístico radica en la alegría, en la emoción de hacerse amigos de la pelota, porque sólo así –de esta forma les educaron- la pelota les devuelve el favor de la precisión.

Esta España sabe jugar, pero también competir al olor del sufrimiento. Su espina dorsal está compuesta por peloteros acostumbrados a la máxima de las presiones, a dar lo mejor de sí mismos cuanto más complejo y trabado es un partido. Puede que el fútbol, en su alto porcentaje de azar, no sea justo con la selección que mejor pronuncia su nombre. En esas semifinales espera una Alemania joven, talentosa y brillante tocada por la varita mágica de los Mundiales. Pero esta 'Roja' está señalada para hacer historia.

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Miren al pasado

Publicado el 3 de julio de 2010 - 13:04 por Diego Izco

En un doble capítulo de la enciclopedia titulada "De cuando no éramos favoritos de verdad pero los medios nos convencían de lo contrario" hay referencias al penalti de Señor y a un colegiado egipcio. Cualquiera que, sin haber padecido ambos historiones, se asome a las páginas de este libro, leerá las aventuras y desventuras de un grupo que vestía de rojo, que dinamitó las pasiones de un país y que, justo cuando podía ejercer ese papel de favorito ficticio, la pifió. Bélgica era el rival de cuartos en aquel Mundial mexicano. Corea del Sur, el de 2002, cuando Al-Ghandour y los goles anulados porque sí. No conviene perderlos de vista porque (no sé cómo lo dejó escrito el sabio, pero lo improviso) aquel que es incapaz de mirar al pasado para no cometer los mismos errores es un necio.

Sobrevuela el ambiente una peligrosa sensación de superioridad ante Paraguay, fabricada tal vez con los mismos ingredientes de aquellas nefastas citas ante belgas y coreanos. Es posible que esta selección española, al contrario que aquellas dos, sí que sea "favorita de verdad" y que, por tanto, resulte mucho más fiable. Pero los cementerios futbolísticos están llenos de temerarios que subestimaron a los rivales. Bastará con que los jugadores no lo hagan: el entorno mediático ya lo ha hecho.

A España todos le juegan igual, agazapados detrás del seto, como en las emboscadas de los indios. No suele salir bien (no hay más que mirar los números de la España de Del Bosque), pero a veces sale. Suiza en el primer envite mundialista o Estados Unidos el pasado año en la Copa Confederaciones demostraron, como la Bélgica del 86 o la Corea de 2002, que los pronósticos (sean fiables o cogidos con pinzas) son volátiles. No relajarse. No confiarse. No querer meter el segundo gol antes que el primero. Prohibido mirar al 11 de julio sin haber mirado al pasado.

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Villa

Publicado el 30 de junio de 2010 - 13:58 por Diego Izco

Sí, lo estamos descubriendo ahora. También lo descubrimos en la Eurocopa, y en el Valencia, y lo descubriremos en el Barça. Y seguiremos asombrándonos. No sé si es que todos somos un poco estúpidos o, sencillamente, que es bonito descubrir al genio cada día.

De regreso a la estupidez vital que, históricamente, hemos tejido en España para valorar mucho más lo de afuera que lo propio, más allá de nuestras mugas todo hijo de inglesa, francesa, portuguesa o uzbeka se preguntaba a qué demonios jugaban Real Madrid y Barcelona dejándose pastizales ingentes en tipos como Kaká o Ibrahimovic y negándole la grandeza deseada a un guaje que pinta 20 goles por temporada. Un tipo de fútbol comprometido y sincero, sin los artificios mediáticos de otros... por el simple hecho de que su DNI dice que es compatriota. ¿A qué esperaban, sí, Madrid o Barça para ficharlo?

Me he hartado de leer que "Villa está al nivel de los más grandes", retórica quijotesca de la España acobardada para no escribir "Villa ES uno de los más grandes". Estamos conviviendo con la mejor generación de deportistas de nuestra historia, tipos fiables que ya no saben qué hacer para despojar a sus paisanos de los complejos de inferioridad que nos embriagan en las grandes citas. Nos plantamos frente a un partido de Nadal pensando que lo va a perder, asistimos al séptimo partido de la final de la NBA y sospechamos que Gasol va a marrar la pelota clave...

David Villa, máximo goleador de la pasada Eurocopa y con perspectivas de luchar por el galardón en el más prestigioso de los torneos, está permanentemente enchufado a los partidos. Cuenten cuántas estrellas del planeta fútbol son capaces de vivir los envites con tanta intensidad como este bendito asturiano que golea. Les sobrarán dedos de una mano.

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El otro fútbol

Publicado el 29 de junio de 2010 - 22:33 por Diego Izco

Diego Armando Maradona, de profesión entrenador, de vocación semidiós, de facto voceras, se refirió al juego de España con sorna después del batacazo ante Suiza. Moderado como siempre, el 'Pelusa' dijo que si las porterías llegan a estar en los costados del campo, la 'Roja' sería campeona del mundo sin discusión. Se equivoca de lleno, y el partido ante Portugal le desacredita (a veces uno tiene la sensación, no obstante, de que es complicado que algo le desacredite... pudiendo desacreditarse él mismo).

España tiene mimbres para jugar otro fútbol. No reniega a sus principios, sus convicciones. Rema a muerte con una idea, la que les llevó a conquistar Europa con veinte toques por ataque y posesiones estratosféricas. Pero todo gran equipo demuestra, con el paso de los partidos y un par de cañas bien tiradas, que hay alternativas fiables a un patrón de juego que, de repente, por méritos del adversario o circunstancias del partido, debe cambiar forzosamente.

El duelo ante Portugal deja claro que, en la ofensiva, Fernando Llorente abandera esa idea del otro fútbol. Menos estético si quieren que la roja maquinaria de precisión de Austria y Suiza, pero efectivo cuando el partido se encabrita. El 'nueve' del Athletic es un fajador nato, un futbolista que pone sus centímetros al servicio del esférico; carece de la velocidad imaginativa de Villa o de la zancada imprevisible de Torres... Pero un Mundial, más aún cuando los rivales tienen muy bien empollada la pizarra española, presenta citas incómodas en las que hace falta alguien que juegue de espaldas, que reciba un melón maduro y sea capaz de bajarlo al suelo, que se faje con dos centrales, los fije, los agobie y, si no es él, sea un compañero quien aproveche la circunstancia. Villa, infalible, aprovechó los momentos de nervios y dudas que vivieron los centrales lusos cuando Llorente les dijo, cabezazo previo, que España sabe jugar otros 'fútboles'.

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